Artículos indeterminados
TRES O CUATRO, QUIZÁ DIEZ

Dicen los sabios sobre el tema de los amigos que los verdaderos sólo pueden contarse con los dedos de una mano, y que si se apura la elección aún te sobra alguno. La realidad es que yo tengo una de esas amistades que en más de una ocasión utilicé para demostrar esa teoría. En la reconstruida mano derecha de Javier, de los apéndices articulados tan sólo le queda un dedo y medio. La historia de como perdió todo lo demás tiene su pólvora pero hoy no toca quemarla.
II La palabra amigo es cara... II
La palabra amigo es cara y en ese término también entra la amiga, bien entendida la acepción. El coste que tiene es desinteresado, no admite horarios y entraña una gran dosis de comprensión y psicología de andar por casa. Un amigo no te deja tirado a la primera de cambio, sino que tiende su mano para ayudarte, aunque le falten trozos.
Entre esos amigos, tengo a uno con el que compartí toda mi infancia, una porque nos llevamos diez días y otra porque vivimos a poco más de cien metros. En ocasiones, y más aún cuando el medio siglo está sobradamente cruzado, tocamos el tema del adiós, del good by existencia porque llegará un día que uno de los dos ya no estará para tomar el café juntos, compartir una comida y confidencias varias. Entendamos, entonces, que de una manera distendida y natural el asunto de la muerte a veces ronda una exposición de intenciones, sobre todo si vemos como algunos van desfilando antes que nosotros.
Sin embargo, no hablamos de como nos vendrá el trance, aunque claro, todos queremos irnos durmiendo, a longeva edad y en buenas facultades físicas y psíquicas. Faltaría más o no porque de elegir, casi optaría por largarme en medio de una buena aventura. Nuestra charla se enfoca siempre en lo mismo, en que cuando desapareces la huella que dejes en la tierra se borrará en un santiamén, como quien no ha pasado por aquí. Para eso utilizamos incluso topónimos locales que las transformaciones urbanísticas de un pueblo los hicieron mudar de nombres. En el nuestro, por ejemplo, el cruce de Patiño o del Pallal ya sólo existe para la generación del setenta para abajo y qué decir citando nombres propios como Rusantelo, Chucho de Flora, Flora, Baldomero, Pedro, Barca, Pepito de Isolino, Julio Chepas, Yano y un largo etcétera que ocuparían una inmensa lápida conmemorativa.
II Les sonará macabro todo lo escrito, o no II
Carlos optó por recordar a un pariente suyo, el cual, cuando la familia se enteró de su finiquito con la vida, preguntaron por el tanatorio y hora del sepelio a lo que obtuvieron por respuesta que no habría nada de eso, que el paisano había dejado por escrito que tan pronto palmase, directamente fuese a la incineradora y punto. Vamos, que casi ni San Pedro se enteró de que había una nueva alma llamando a la puerta. Así que cabe la expectativa de que el planteamiento no sea tan malo.
Hice mía una pequeña estrofa que escuché pronunciar en el verano de 1990 a un turuta extremeño, natural de Almendralejo, que conocí cuando hicimos juntos la mili en tierras pucelanas. Decía así: “El día que yo me muera, quisiera estar vivo, para ver si a mi entierro vienen todos mis amigos”. Tal vez sean tres o cuatro, quizá diez, pero serán de los de verdad. Les sonará macabro todo lo escrito, o no. Total, por ello vamos a pasar, así que mejor digerirlo para afrontarlo con actitud. Se lo digo yo que, como el niño protagonista de la película “El sexto sentido”, en ocasiones veo muertos. A mí lo que más me ronda es donde me apetece se pierdan mis cenizas para que el viento me lleve de viaje a saber donde.
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